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El olivo, cultivo milenario
Según los historiadores, el olivo fue introducido en la zona por los griegos, y más tarde por los romanos,
a través de sus incursiones colonizadoras. Algunos topónimos como Olestium o Fliuanu Oleum, demuestran la
abundancia de olivos en la zona del río Sénia.
Ya durante la época medieval, en el LLibre Novè dels Costums de Tortosa se hace referencia a leyes especiales
para los molinos harineros y de aceite. Otros testimonios escritos, como una declaración oficial de bienes
realizada en 1353, y publicada en la obra de Enric Bayerri Història de Tortosa i la seva comarca, demuestran
como la mayoría de pobladores tenían olivos, algarrobos y viñedos.
Pero no fue hasta el siglo XVIII y XIX que el aceite de oliva y su comercio se convirtieron en una riqueza
agrícola propia de la zona que llevó a convertir Tortosa en la capital española del aceite a principios del
siglo XX.
La actual Denominación de Origen Protegida es un premio a la riqueza de la tierra y al esfuerzo de los
productores por conservar la tradición de un conreo milenario, que aunque pasen los siglos, sigue conservando
sus raíces.
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